Casa de verano de la familia de Federico García Lorca en
Granada.
La finca llamada “Huerta de San Vicente” fue adquirida en el año
1925 por el padre de Federico García Lorca. Fue la residencia de verano
de la familia desde 1926 hasta 1936, año en el que se produjo el levantamiento
militar que dio lugar a la guerra civil española. De esta casa salió Federico
para buscar refugio en la vivienda de sus primos José y Luís Rosales, en la que
será detenido y conducido posteriormente al Gobierno Militar del que saldría
para ser fusilado. Se tiene constancia de su existencia desde el siglo
XIV a través de distintos documentos. Con anterioridad se había llamado “Huerto
de los Mudos” y “Huerto de los Marmolillos”. Cuando Federico
García Rodríguez la adquirió para regalársela a su mujer, Vicenta
Lorca Romero, se le puso el nombre por el que se la conoce
actualmente en honor al santo de su madre.
Así describe sus recuerdos en la Huerta de San Vicente Isabel García
Lorca, hermana de Federico:
“Enfrente de la puerta de entrada estaba la escalera, con una
gran ventana ojival, algo pretenciosa para una huerta, que nos hizo mucha
gracia. […] En el piso de arriba se mantuvo la solería que había y que se ha
conservado. Subiendo a la derecha estaba el cuarto de las muchachas; al fondo
un retrete y el cuarto de Federico; enfrente de la escalera, el cuarto de
Concha y mío y el cuarto de mis padres; los tres del mismo tamaño. A la
izquierda había un improvisado cuarto de baño, llamémoslo así. Entonces no
había en las huertas agua corriente. En el cuarto de baño había un tocador
negro con un mármol blanco, un espejo más bien grande con marco negro y dorado,
un lavabo grande y un baño redondo de cinc, con adornos, pintado de rojo,
restos de un artilugio increíble que compró mi padre para baños de regadera,
donde nos bañábamos como en los cuadros de los impresionistas franceses. Una
cómoda grande con sábanas y toallas. Este cuarto daba a la terraza, a la que
salíamos mucho.
En verano la casa era fresca, pues tenía muros muy gruesos, y a las doce
de la mañana había que entrar en ella y salir a la puesta de sol. Pero las
mañanas las recuerdo deliciosas. En la cocina había una tinaja bastante grande
que se llenaba cada dos días y había lo que se llamaba una cantarera, con dos
cántaros grandes que se llenaban de agua que nos traían en un borrico, desde la
famosa fuente del Avellano. A la izquierda, cubierta por un jazmín que
llegaba a los balcones, una habitación que era comedor y otra que era el cuarto
de Paco, y enfrente la cocina. Junto a la casa, a la izquierda, se hizo primero
un garaje y encima una preciosa terraza. Pronto pensamos que al coche no le
pasaba nada por quedarse fuera, ni se veía ni estorbaba, por lo que pasó de
garaje a comedor, con dos grandes ventanales, y quedó una habitación bastante
espaciosa y agradable.
Yo, en aquella terraza y en la ventana, me pasaba grandes ratos oyendo el
ruido de la acequia que pasaba junto a mi ventana, al olor de la gran higuera.
Los pasos lentos de algún huertano que decía siempre: “Buenos días nos dé Dios”
[…] La Huerta de San Vicente en aquellos tiempos tenía una vista maravillosa
[…] Veíamos la sierra, el Albaicín, la ermita de San Miguel y la Alhambra, la
torre de la Vela, la muralla de San Cristóbal, y estábamos entre el verdor de
la vega. Muchas noches, sobre todo cuando Federico y Paco no salían, nos
sentábamos en la terraza, a veces con jerseys y hasta con mantas, charlando y
viendo las estrellas, sin luz ninguna. […]
Teníamos un gramófono y Federico ponía muchos discos de música clásica,
sobre todo de Bach y Mozart, y cante jondo. […] Hay que decir que si él no
pedía silencio, nosotros también sufríamos su insistencia en oír una y otra vez
la misma música. Federico se encerraba en su cuarto largas horas, pero aparecía
al menor reclamo. No se perdía visita. Si venía gente del campo a ver a mi
padre, Federico bajaba y estaba presente, siempre callado; él, tan hablador,
tan brillante hablador, había muchas ocasiones en que estaba totalmente en
silencio. Sin duda porque algo estaba aprendiendo. Un día un campesino contó a
mi padre los problemas de su hijo, y Federico dijo: “Qué maravilla, cómo lo ha
contado”. […]
Isabel García
Lorca, Recuerdos míos (Madrid, 2002)
Fuente: www.huertadesanvicente.org






Hola Pedrete,
ResponderEliminar¡Qué hermosa casa. Se ve maravilloso y fresco ... Estoy listo para mudarse!
No me puedo imaginar que crece en un palce maravilloso. Es simplemente maravilloso, y los jardines también se ven impresionantes.
Gracias por compartir las fotos.
Enrormous abrazar a mi querido amigo,
Giac
¡Hola Giac!
EliminarPues la casa de Fuentevaqueros, donde nació, es todavía más encantadora. Estoy seguro que si las visitaras, te gustarían mucho.
¡Un abrazo enorme y gracias por tu visita!
Wow, interesting history and a great house! Thanks for the post and the photos.
ResponderEliminarIt is part of the history of one of the greatest poets that has given my country; Federico García Lorca.
EliminarA big hug and thanks for your visit!
Que bien, cada día conocemos un poquito más sobre esta maravillosa ciudad. Gracias.
ResponderEliminar¡Hola Maribel!
EliminarGranada encierra tantas historias, que para contarlas todas se necesitarían varios blogs.
¡Un besote enorme y gracias por tu visita!
Wow!!! Bellissimo post!!! Mi hai lasciata senza parole ..Grandissimo poeta F. Garcia Lorca ..!!! Ho letto alcune poesia che sono meravigliose!!!!
ResponderEliminarGrazie per belle storie che ci regali!!!
Ps ..ma esiste ancora la Porta di Elvira? :) ..non pensavo che il nome Elvira fosse usto in Spagna ..!!!!
Un abbraccio grande e grazie per la visita al mio blog!!!!
Baci
Ciao Elvira!
EliminarSì, c'è ancora la porta di Elvira a Granada, qui vi lascio un link dove si possono trovare alcune informazioni su questo monumento: http://es.wikipedia.org/wiki/Puerta_de_Elvira
Un forte abbraccio!