domingo, 31 de mayo de 2026

Mayo: el mes en que los cuentos tomaron la palabra

 

Hay meses que se parecen a una conversación íntima, alargada hasta el límite de la madrugada, con el corazón en la mano y el ruido de fuera apagado. Y hay meses que se parecen a un escenario. A un telón que sube, a actores que entran y salen, a personajes que te miran desde las páginas y te dicen: hoy toca contar otras vidas.

Mayo ha sido, para mí, un mes de escenario.



No porque haya abandonado lo íntimo —eso nunca, eso está siempre—, sino porque los cuentos se han sentado a la mesa sin pedir permiso. Han empujado con los codos, han quitado platos y han puesto sus historias. Y yo, que soy el Caballero Metabólico, el vigilante de las máscaras, el que escribe cuando la noche pesa, he tenido que hacerles sitio.

Ha sido un mes de habitaciones secretas, de mansiones derruidas, de bandoleros que cabalgan entre la historia y el mito. Ha sido un mes de poleas y de gritos sagrados, de monjas que escriben gacetillas con bilis y de marqueses que se aferran a la elegancia como a un bastón. Ha sido un mes de ratitas contables y un medio murciélago que canta canciones murcianas.

Y también, no nos engañemos, ha sido un mes de dudas. Porque cada vez que publico un cuento, me pregunto si no me estoy escondiendo. Si lo imaginado no será una forma elegante de no decir lo que duele. Si la ficción no será, al fin y al cabo, una máscara más en la habitación del fondo.

Pero luego recuerdo algo que me enseñó Lady Antoñita —o fue Sor Imprudencia, o fue la Sombra, que a veces acierta sin querer—: que los cuentos también son verdad. Solo que hablan con otra voz. Con la voz prestada de un personaje que, mira por dónde, siempre termina pareciéndose a uno.

Así que este mayo no ha sido una huida. Ha sido una exploración. Un rato largo mirando a través de la celosía, viendo cómo otras vidas posibles se iluminaban con la misma luz que alumbra mis recuerdos.

Los cuentos han sido muchos. Más de lo habitual. Pero cada uno de ellos ha dejado algo en el taller: una frase, un gesto, un eco que sigue vibrando.

Y lo íntimo, lo personal, lo de abrirse en canal… eso también ha estado. Solo que más callado. Esperando su turno. Porque junio está al llegar, y junio, sospecho, vendrá con otra música.

Por ahora, me quedo con este mayo de máscaras y poleas, de vírgenes que suben y de almas que escriben por no explotar. Me quedo con la certeza de que contar mentiras bien contadas es también una forma de decir la verdad.

Y con el agradecimiento de siempre: a ustedes, los que leen. Los que habitan estas páginas, aunque yo no los vea. Los que hacen que merezca la pena seguir poblando el silencio.

Pedrete Trigos

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