¡Hola a todos!
Nunca suelo decorar las fachadas en su interior, algunas ni siquiera las empapelo, todo lo más las pinto como la fachada y ya está. A las ventanas les pongo unos visillos y se acabó. Esta vez he empapelado la fachada con el mismo papel del interior, un papel con textura que imita una especie de enlucido rústico. A las ventanas tenía pensado ponerle solamente un viejo encaje de guipur a modo de visillo y ya está, pero me entusiasmé y le he añadido unos alféizares decorados. La ventana de la planta baja, al ser tan grande, una vez cerrabas la casa, se veía un tanto desangelada. Así que de ahí parte la idea de decorar las ventanas. Y claro, al decorar esa ventana, ya tenía que decorar el resto. Ha sido algo muy divertido, ya que ha sido algo totalmente improvisado. Para la decoración me he servido de cuatro cosas que tenía de aquí y de allá y este es el resultado.
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Para este ventanal he escogido una maceta que compré para mi primera casa de muñecas, creo hace ya, unos 15 años. También le he añadido un jarrón de cerámica pintada a mano que me regaló una amiga, un costurero que he decorado con las piezas de mercería que comercializo, y una taza de porcelana regalo de Marga Vives. También le he puesto un par de cojines bordados de los que yo hago.
Esta es la puerta de entrada. El bastidor y los tapajuntas están teñidos con tinte al alcohol en color nogal y encerados. La puerta está pintada con pintura acrílica en azul marino, ligeramente de capada y empolvada.
Estas son las ventanas del salón, esta en concreto está decorada con una caja de puros, una botella y una copa con licor, un libro y un álbum de fotos de Matilde Mora. Detrás de él, hay una pequeña caja de cerillas.
En esta ventana hay un par de porta-retratos con ilustraciones de ratones de Beatrix Potter, una bombonera con peladillas y un atado de cartas y postales. Para ser algo total y absolutamente improvisado, ha quedado la mar de bien. ¿No os parece?
¡Un besote enorme!