Introducción: el nombre como punto de partida
El nombre "Carmen", tan arraigado en la onomástica andaluza, procede del hebreo Karm-El ("jardín de Dios" o "viña del Señor"), aludiendo a la cordillera de Israel donde el profeta Elías desafió a los profetas de Baal. Esta advocación mariana, adoptada por la Orden del Carmen en el siglo XII, llegó a Estepa (Sevilla) de la mano de la nobleza local, específicamente del linaje de los Centurión. Este artículo analiza cómo la devoción a la Virgen del Carmen se convirtió, entre los siglos XVII y XX, en un instrumento de legitimación nobiliaria, un reflejo de las tensiones entre familias aristocráticas y un marcador de los ciclos económicos agrarios.
La orden carmelita nace en el Monte Carmelo hacia finales del siglo XII, cuando ermitaños europeos se establecen cerca de la "fuente de Elías". Expulsados de Tierra Santa en el siglo XIII, se transforman en mendicantes y extienden su devoción por Europa. La tradición atribuye a San Simón Stock la recepción del escapulario en 1251, una promesa de salvación que arraigó con fuerza en la piedad popular.
En Estepa, la implantación del culto a la Virgen del Carmen no fue espontánea, sino promovida por la élite señorial. La actual iglesia se levanta sobre la ermita del Cristo de la Sangre (s. XVI), y su construcción fue impulsada por Juan Martín Formariz en 1636, aunque su fisonomía actual la debe al proyecto de Andrés de Zabala en 1763. La talla de la Virgen, donada por la marquesa Leonor María Centurión y Mendoza en la segunda mitad del siglo XVII, carece de Niño en brazos, una singularidad iconográfica que refuerza su carácter de imagen tutelar y señorial.
Los Centurión, banqueros genoveses que compraron la villa a la Corona en 1559 por más de 200 millones de maravedís. Obtuvieron el marquesado de Estepa en 1543 y la Grandeza de España en 1729. Esta familia convirtió la iglesia del Carmen en su panteón y patrocinó activamente la hermandad, vinculando el 12 de septiembre (festividad del Dulce Nombre de María) a su imagen procesional. Juan Bautista Centurión fue hermano mayor de la Vera Cruz en el siglo XVIII.
Los Bejarano, originarios de Badajoz, asentados en Estepa en el siglo XVIII. Manuel de Bejarano y Campañón, regidor perpetuo de la villa, obtuvo en 1753 el marquesado de Cerverales, un título creado dentro del territorio del marquesado de Estepa, lo que supuso un desafío directo a los Centurión. Frente a la Virgen del Carmen de los Centurión, los Bejarano se vincularon al culto de la Virgen de la Asunción, patrona de Estepa, y al fomento de las devociones de los Dolores.
Esta dualidad convirtió el espacio público en un tablero de disputa simbólica: cada familia patrocinaba a su Virgen, financiaba sus procesiones y buscaba el favor de los fieles para reforzar su hegemonía local. La extinción de la línea directa de los Centurión en 1799 (con María Luisa Centurión) no disolvió el conflicto, sino que lo transformó en una competencia entre las cofradías y los grupos de poder local, que pervive aún hoy en la memoria colectiva.
El final del verano marcaba el cierre de las labores agrícolas y la preparación para la siguiente siembra.
La feria funcionaba como un mercado ganadero y agropecuario, fundamental para la compraventa de mulas, caballos y aperos, necesarios para afrontar el invierno.
Coincidía con la procesión de la Virgen del Carmen (12 de septiembre), integrando la devoción en el ciclo productivo.
Con el declive del sector ganadero y la mecanización del campo, la feria perdió su carácter productivo y se orientó hacia el ocio y el reencuentro familiar. En 1976, bajo la alcaldía de Rafael Prieto Cabezas, se fijó un recinto ferial estable y se desplazó la celebración a la Octava de la Asunción (agosto), coincidiendo con la patrona de la villa y adaptándose al retorno de los emigrantes en verano.
Sin embargo, en 2013, el Ayuntamiento retornó la feria a septiembre. Las razones fueron pragmáticas: impulsar el comercio local y dar el pistoletazo de salida a las dos grandes campañas laborales de Estepa: la producción del mantecado y la recogida de la aceituna. Este retorno a septiembre representa una recuperación consciente de los ciclos económicos tradicionales.
Un instrumento de poder nobiliario, utilizado por los Centurión para legitimar su dominio frente a la Corona y a los linajes rivales (Bejarano).
Un marcador de tensiones sociales, donde dos familias representan dos modelos de ascenso social (el capital extranjero frente a la nobleza local).
Un hito del calendario agrario, inextricablemente ligado al ciclo de la cosecha y la feria ganadera, cuyo traslado y retorno a septiembre ilustran la adaptación de la sociedad rural a los cambios económicos del siglo XX y XXI.
En definitiva, la devoción carmelita en Estepa es un caso ejemplar de cómo la religiosidad popular, lejos de ser un fenómeno puramente espiritual, se incrusta en las estructuras de poder, la economía y la identidad colectiva de un municipio andaluz. Su historia es la historia de una villa, de sus élites y de sus campesinos, todos ellos unidos por el mismo ciclo: el de la siembra, la cosecha y la procesión de septiembre.
Pedrete Trigos

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