Resulta curioso al estudiar la
historia del vestido, descubrir que el uso de ropa interior no es tan antiguo
como pudiera parecer. Desde la edad media hasta bien entrado el siglo XIX la
prenda interior más usada se limitaba a una simple camisa de algodón blanco,
muy holgada y de una largura hasta más abajo de las rodillas. El uso de los
calzones, también llamados pololos o bombachas, se empieza a popularizar a
principios del siglo XIX, aunque algunas damas del periodo rococó ya usaban una
especie de braguitas. Esta prenda tenía un valor más erótico que otra cosa, por
lo que se puede entender que se usaba con otros fines distintos a los meramente
formales. Como decía es aproximadamente a principios del siglo XIX
cuando se extiende el uso de los calzones, que eran muy largos y simples, más
adelante se confeccionan de forma más elaborada añadiéndosele bordados y
pasacintas. En las primeras décadas de esta centuria el largo de las faldas se
acorta ligeramente dejando los tobillos de las damas al descubierto, por lo que
estos calzones quedaban ligeramente visibles, por este motivo es que se
empezaron a adornar. A mediados de siglo se va acortando su largura, hasta que
al final del siglo quedaban hasta medio muslo.
Las enaguas también han tenido su
evolución; cuando en la década de los treinta se empieza a incrementar el
volumen de las faldas de los vestidos, se utilizaban varias capas de enaguas,
hasta que en la década de los cuarenta aparece la enagua de crinolina, un
material muy rígido que permitía con una sola enagua conseguir un mayor
volumen. Posteriormente con la evolución de la siderurgia, aparece el acero
flexible, que se añade a estas enaguas, dándoles una mayor comodidad, dentro de
lo posible. En los sesenta, cuando el diámetro del ruedo de las faldas ha
alcanzado medidas imposibles, el vuelo se va recogiendo hacia atrás, comenzando
a formarse lo que posteriormente pasaría a conocerse como polisón. Este polisón
se realizaba también con aros de acero unidos mediante cintas. Hacia finales de
siglo, el polisón va desapareciendo hasta limitarse a una pequeña almohadilla
rellena de algodón o lana, y atada a la cintura
A continuación vamos a realizar
varios modelos de enaguas.
Enagua simple:
Es la más apropiada para cualquier
vestido, aunque hemos dicho que su uso es moderno, se suele utilizar en
vestidos de muñecas anteriores al siglo XIX: vestuario medieval y tudor,
barroco, rococó...etc.
Su elaboración es muy simple:
cortamos un trozo de algodón blanco o marfil de aproximadamente unos 25 cms. de
largo por 9 cms. de ancho, le realizamos un dobladillo por las dos orillas,
adornamos el bajo con encajes y entredoses y le añadimos unas flores bordadas y
unos lacitos. Unimos ambos extremos con una costura abierta, planchamos y la
fruncimos ajustándola a la cintura de nuestra muñeca.
Enagua de volantes:
Esta enagua es para vestidos de
1840 y 1850. Se debe usar combinada con una enagua simple y calzones
ligeramente largos.
Cortamos tres bandas de algodón
de 4 cms de ancho, una de 28 cms de largo, otra de 24 cms y otra de 20
cms. Le realizamos un dobladillo por una de las orillas, adornamos con
encaje y fruncimos un volante sobre otro de manera superpuesta, ajustando el
mayor, sobre el mediano y este sobre el pequeño, este último lo ajustamos a la
cintura de la muñeca. Para no conseguir un cintura muy ancha, es conveniente
ajustar la ropa interior de forma escalonada, arriba la cintura del pololo, un
poco más abajo la cintura de la enagua simple, y un poco más abajo todavía la
enagua de volantes. Habrá que tener en cuenta el largo de esta última enagua
para que no asome por debajo del vestido.
Enaguas con cola:
Son las más apropiadas para
vestidos de polisón. Se realizan en algodón entretelado para darles mayor
forma.
Comenzamos pegando la entretela
de muselina sobre el algodón que hayamos elegido. Hay que recordar que ninguna
señora que se dignara de serlo, usaba otro color que no fuera el blanco para su
ropa interior. Los colores eran para las llamadas "chicas de vida alegre".
El marfil o el crema resultan muy agradables, ya que les confieren un aire
antiguo a la pieza, aunque repito que no era un color al uso en la época.
Cortamos la parte delantera al hilo, y las dos de la trasera al bies. Unimos
las dos traseras entre si y las cubrimos con volantes, estos los podemos
realizar con tiras bordadas no muy anchas y con un dibujo sencillo. La parte
delantera también la podemos adornar con entredoses y flores bordadas o
lazadas, pero de manera que nunca nos quede con volumen, ya que estos vestidos
eran rectos por delante. Una vez tengamos adornadas ambas piezas, las unimos
entre si y ajustamos a la cintura de la muñeca, siempre desplazando el rizo
hacia atrás. Debajo de esta enagua es conveniente colocar el polisón, que habremos
realizado a modo de cojín con el patrón que aparece en la ilustración. Este
polisón lo podemos también utilizar en los vestidos rococó, uno a cada lado y
sobre las caderas de la muñeca. De esta manera conseguiremos los llamados
"paniers" tan de moda en la época.

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