Los historiadores nunca han
demostrado demasiado interés por los niños, sus vidas y sus juguetes, lo que ha
importado han sido las guerras, la política o la religión. Por eso sabemos
mucho menos de cómo jugaban los niños que de cómo eran explotados, ya fuese
cómo esclavos o por las grandes industrias, por ejemplo. Los vemos retratados
en el siglo XVII abrazados a pequeñas muñecas rígidas, o en el siglo XVIII
jugando con aros, peonzas, perros, gatos o loros. La pintura de época es una de
las mejores fuentes para hacernos una idea de cómo vivían en realidad. Por
supuesto, estas ilustraciones conciernen solo a los niños ricos e importantes y
poco queda de la vida cotidiana de los niños más pobres.
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La historia de las casas de
muñecas comienza en la Alemania del siglo XVI y en los Países Bajos durante el
siglo siguiente. Las casas de muñecas inglesas hicieron su aparición a
principios del siglo XVIII y las norteamericanas a finales del mismo siglo.
Aunque es posible encontrar unos cuantos ejemplos, en los países del
Mediterráneo parece haber menos pasión por las casas de muñecas.

Existe un placer reconfortante y
sin igual que consiste en buscar, comprar y organizar el contenido de una casa
de muñecas. Los objetos en miniatura han proporcionado gran placer a los
hombres a lo largo de toda su historia. La creación de estas reproducciones ha
sido durante mucho tiempo una parte de la mayoría de las artes y habilidades.
En todos los tiempos de paz y prosperidad, era probable que se encontrara a un
artesano en las calles de cualquier ciudad haciendo pequeños muebles o enseres
para casas de muñecas. Un coleccionista de soldaditos de plomo puede ser quizás
un Napoleón en potencia, que busca controlar el destino de sus ejércitos. Sin
embargo, no creo que haya muchos coleccionistas de casas de muñecas que posean
un deseo similar de dominar, es más probable que solo intente crear un ambiente
hogareño, feliz y seguro en miniatura.
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La mejor forma de comenzar una
colección de miniaturas consiste en encontrar una casa de muñecas interesante,
ya sea antigua o de reciente fabricación, que merezca la pena decorar. Las
casas de muñecas seducen a mucha gente por varias razones; la atracción de la
miniatura en sí, la nostalgia de la casa de muñecas que un día (o nunca) se tuvo,
la admiración por la habilidad de un artesano o la necesidad de crear algo
bello, pero para la mayoría de la gente es la magia de un mundo de evasión. Los
coleccionistas pueden tener una casa de campo de estilo Tudor, una réplica de
su propia casa, una tienda, un colegio, una iglesia o una taberna. El escenario
puede ser una vitrina, una casita o un cajón. En ese mundo en miniatura no se
pagan impuestos, alquiler o hipoteca. Puede haber cocinas llenas de criados que
no cobran nada y apetitosas comidas que no huelen y no se estropean. En
realidad, nadie tiene que cargar cubos de carbón o fregar el suelo.
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Aunque algunos puristas no
permiten intrusos en sus habitaciones, casi todos los coleccionistas modernos
procuran mostrar actividad; la familia come, juega, duerme, recibe visitas y
tiene aficiones. Los criados se ven atareados, y todas las figuras desprenden
vida y humor. Puede haber invitados para la cena, riñas en el cuarto de jugar,
accidentes de cocina e intrigas amorosas. Se pueden crear buenos escenarios,
pero las "personas" reales son esenciales. Con ellas se pueden tener
familias específicas, gente famosa, y una gran variedad de personajes
identificables; la institutriz, el maestro de escuela, el médico, el ama de
llaves, el granjeo, el buhonero, la modista, el tendero, el tabernero y muchos
más.
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Antes de vestir sus muñecos, debe elegir una fecha aproximada para su casa. Si su arquitectura es de estilo barroco o victoriano, sus muebles y habitantes deben ser todos de la misma época. La casa puede decorarse por ejemplo al estilo victoriano, y todo lo que sea de un estilo anterior serán antigüedades. El estilo del vestuario de la señora de la casa marcará la fecha límite, y no deberá haber absolutamente nada en la casa que sea posterior a él. Esto incluye el mobiliario, los aparatos de cocina y domésticos, las telas y los empapelados, las alfombras, la iluminación, los cuadros, los adornos, los libros y los juguetes de los niños.